martes, 27 de diciembre de 2016

sábado, 5 de noviembre de 2016

Incorrecto.

Vivir en una mentira. Eso es lo que hacéis. Todos. Casi todos. Demasiados para mi gusto.

En esta sociedad de Internet en la que la mayoría aireamos nuestra vida, parece que todo es felicidad, todo son selfies repetitivos donde sonreímos, sonreímos, y después mostramos únicamente aquellas cosas fuera de nuestra vida rutinaria para hacer saber al mundo lo bien que vivimos. 

¿He ido a un restaurante caro? Foto a la comida. Publicar. Esto es calidad.
¿He ido a dar un paseo por el campo después de dos años sin respirar aire puro? Foto a los árboles. Publicar. Amo la naturaleza.

¿Por qué os dejáis infectar? Os contamináis con vuestra propia pantomima. De pronto todo debe ser perfecto. Todo debe ser acto para ser mostrado. Hemos dado un paso adelante y cinco para atrás.

Las relaciones de pareja. Ah. Qué gran teatro. Seguís cubriendo un amor rutinario con mensajes públicos que deberían ser privados. Con corazones y azúcar por doquier para no ver la realidad, y es que muchos de vosotros ya no sois felices. Ya no sentís lo que se debe sentir cuando se está enamorado. Os ha comido el tiempo, pero seguís huyendo de la verdad. ¿Qué dirán cuando la red note la ausencia de publicaciones de vuestro amor, de vuestra historia de cuento? No se puede permitir. 

Es mejor no desengañarse. 

Vivamos para nuestro público.




** He encontrado este texto como borrador de Abril 2015. Estoy un poco en shock. No recuerdo qué me motivó a redactarlo, pero me ha gustado tanto que lo voy a publicar con año y medio de retraso. Ahí lo tenéis.

jueves, 6 de octubre de 2016

Me gusta. Me completa.

A veces pienso que son todas esas pequeñas cosas que me gustan las que realmente me completan.
Me gustan mis lunares y cicatrices.
Me gusta su sonrisa y sus manos fuertes y protectoras.
Me gusta la blancura de su pelo, como la de las hojas esperando ser escritas.
Me gusta el olor de los libros, el suelo frío bajo los pies desnudos... acurrucarme en ese cálido cuadrado de sol.
Me gusta encontrar y guardar tesoros, los cuadernos.
Me ENCANTA ser ordenada, observar la rapidez del crecimiento. 
Darme cuenta de lo que me queda por leer.
Me gustan los frutos rojos... con chocolate. La convivencia de mis pequeños. Planear, proyectar y soñar.
Me gustan las sudaderas. TODAS. Aplazar la alarma "un ratito más". 
Las gominolas azules.
Me gusta el mar, las nubes de algodón, el amanecer, la luna llena, la Tierra, este planeta.
Me gusta esta vida.



#GarabatolvidadoConVoz https://www.youtube.com/watch?v=zMSILuwLNWo

lunes, 22 de agosto de 2016

Boca abajo.

Las piernas sostienen el peso de un torbellino de ansiedad.
Tirita la melena con el susurro de un lamento,
Las vísceras se encogen al compás.

Eleva el cuerpo al cielo buscando un final.
Corren mojados la dicha y el silencio,
Nadie los puede atrapar.

La arena quiere volver a la cima evitando la oscuridad.
Juega unas cartas que sólo cimientan veneno,
piensa que así no regresará jamás.



sábado, 25 de junio de 2016

Tinta blanca.

Entré en el campamento casi arrastrando los pies. Sentía mi propia mirada desenfocada mientras acortaba la distancia entre la hoguera y el aire abatido que me rodeaba. Me senté en el suelo sin decir una palabra y me quedé contemplando el fuego, absorta. Apoyé los codos en las rodillas. Mis botas de montar rascaron la tierra con los talones, una pequeña manía que me acompañaba desde joven. Después de unos minutos, suspiré y alcé la mirada. Él tenía los ojos fijos en su espada y la roca que estaba chocando contra ella, como queriendo arrancándole destellos de plata en la noche.

- ¿Ya has vuelto? - dijo.

Por la cadencia de su pregunta, entendí que no se refería al hecho de que había regresado de mi largo paseo entre las luces del atardecer.

- Sí. Lo siento... sólo estaba asumiendo el final.

Vi que le salía una pequeña arruga a un lado de la boca, esa que siempre asomaba cuando pretendía aguantar la risa o esconder un pensamiento divertido y esquivar así mi innata falta de humor.

- ¿De qué final se trata esta vez? - golpeó con tranquilidad su arma, tratando de volver a dotarla de la letal punta que la caracterizaba.

- Del libro. El libro que estaba leyendo - lo tiré a sus pies, controlando la distancia al fuego.

Me dejé abrazar por el silencio cuando el repiqueteo de su empresa cesó. Se agachó dejando la espada a un lado y tomó el libro. Lo ojeó durante unos instantes como evaluándolo y después lo apartó también. No sé si vi una pequeña mirada de desaprobación. Se inclinó ligeramente hacia el fuego, pero supe que no era para entrar en calor, sino para mirarme a través de las llamas.

- Creo que siempre tiendes a poner tu fe en el lugar equivocado.

- Me gusta creer que las cosas pueden cambiar... incluso cuando en cada página se insinúa un destino terrible. Digamos que soy masoquista - tomé una ramita seca y la hice pedazos antes de lanzar los restos a la hoguera. No me gustaba sentirme evaluada.

- Así que, te has vuelto a decepcionar.

- Ahá - musité mientras asentía.

Tras un breve silencio donde sólo escuchábamos el chasquido del fuego, se levantó y su risa se abrió paso como una corriente de agua desbordando un río. Su carcajada rebosaba tanta diversión repentina que me quedé mirándole como si estuviera majareta. Comenzó a andar hasta su tienda de campaña y, cuando salió, aun pude percibir los restos de su sonrisa en la tensión de su boca al hablar.

- Creo que tengo una solución - me tendió un objeto que parecía una caja, envuelto en pieles.

Le miré con perplejidad mientras se sentaba de nuevo frente a mí y bebía un trago de la bota de vino. Él me guiñó un ojo y yo no pude más que desenvolver el regalo, recelosa. No me fiaba de qué criterio habría seguido esa vez para decidir qué era y qué no lo que yo necesitaba. De entre las pieles surgieron unas tapas de cuero con intrincados motivos y un volumen excéntrico que parecía tan fuera de lugar en ese campamento como un pequeño dragón azulado. Lo miré con desconfianza y le di vueltas en las manos sin abrirlo.

- No tiene pinta de ser una historia que vaya a apasionarme - murmuré.

Él, que ya tenía su cabeza metida en otro extraño proyecto, rascaba con la piedra de afilar algo que no alcanzaba a ver sobre su regazo. Guardó silencio con una media sonrisa y me encogí de hombros. Desaté una especie de bridas y descubrí que dentro de esas tapas... no había nada. Era un cuaderno relleno de pergaminos absolutamente en blanco. Me quedé callada, sin saber qué decir y, de pronto, mis reflejos me obligaron a alzar el brazo y a coger algo al vuelo. Le lancé una mirada asesina tan veloz que llegué a verle posando de nuevo su mano en el suelo. Abrí el puño y apreté los labios, confusa. Allí, entre mis dedos, una pequeña rama se había convertido en algo afilado. Incrustado en su final, una pluma coloreada salía disparada hacia el cielo.

- Escribe tú la historia - dijo él con seriedad para, seguidamente, volver a reírse de mi inocencia sin piedad.

martes, 14 de junio de 2016

Amasijo de declaraciones. Caca seria 3.0

Últimamente no he estado nada por aquí. Creo que porque en el fondo no tenía nada que decir. No se me ocurrían historias. No me hacían ilusión las cosas. Ya no tengo esa inquietud absurda que normalmente me trae aquí y me hace escribir textos alegres, tristes, profundos o intrascendentales. Hoy no me apetece tampoco cantar, pero he regresado a mi rincón. Hoy sí quiero decir algo. 

Este fin de semana he vuelto a caer en la espiral existencial de siempre. Es curioso. Tengo ganas de llorar y de reír al mismo tiempo. Parece que sin esa parte de mí no llego a reconocerme del todo. Es como un limbo que sabes que no debes pisar, pero donde mejor te sientes a largo plazo. Pierdes la estabilidad y la adrenalina te hace pensar rápido y despertar.

Las tragedias que están teniendo lugar últimamente me han sentado como una bofetada. El estrés por los estudios, esos que según dicen me asegurarán un futuro, me pesa como una roca atada a los tobillos. Qué narices estoy haciendo y qué narices está haciendo la gente, es la pregunta del millón. Mientras yo estoy aquí sumida en las responsabilidades que, para qué mentirnos, la mitad de las veces no quiero, un tío aleatorio lleva meses planeando cómo masacrar a seres de su misma especie sin siquiera inmutarse.

A veces me asombran esas diferencias tan abismales entre humanos. No puedo describir la cantidad de veces que he querido decirle a alguien: "¡¿pero tú de qué vas?!" en el último mes. Las cosas están peor de lo que creía.

Estoy tan cansada... y en fin. Supongo que nada de esto tiene sentido para los que estáis leyendo, pero necesitaba hablar. No sé transmitir la frustración que siento de manera correcta si no escribo. Me encantaría poder sacar de mi cabeza las ideas y mostrárselas directamente a las personas, y que de paso las sintieran y entendieran como yo. Pero no se puede. Me estoy ahogando en un vaso, y quizás sea ese el motivo que me ha llevado a leer de nuevo con la avidez del pasado.

"¿Qué mierda es esta que estoy viendo a mi alrededor?" "¿Quién te crees que eres?" "¿En serio me acabas de decir eso?" Basta ya de ser dóciles. Basta de dejarse pisotear. Basta de callarse, de ver todo el mal que crea la gente de nuestro alrededor y permitirlo. Hay que pararlo. No pienso consentir ni un solo gesto de odio, mala educación, humillación, falta de respeto, alzamiento de mano, violencia o insulto delante de mí. Estoy cansada sí, pero suficientemente despierta como para entender que si no hacemos algo esto se nos va a ir de las manos. Tenemos lo que nos merecemos en conjunto, pero nunca tenemos lo que nos merecemos como individuos. No voy a mancharme las manos de sangre por otros, ni voy a asumir sus responsabilidades. Se acabó. Quiero justicia y quiero paz. Quiero humanos siendo humanos y no una panda de impresentables energúmenos dándose puñetazos en el pecho y gritando que son los héroes de la Tierra. La Tierra se muere y nosotros nos matamos entre nosotros. ¿Qué nos queda? ¿Por qué tengo que vivir para siempre con el miedo de cruzarme con la traición y la persona equivocada? No voy a hacerme responsable del rumbo que estamos tomando, y me aseguraré de que nunca pueda decirse que no hice nada para evitarlo.

No quiero ánimos. No estoy mal. Estoy yo. Estoy más yo que en los últimos meses. Estoy en huelga. Anhelo una vida en su más puro significado. Ninguno de nosotros puede tenerla en estas circunstancias... y yo quiero conseguirla. Y la voy a conseguir.

domingo, 8 de mayo de 2016

Fuera.

Mejor vete lejos, a ese punto en el que la cuerda está tensa y no me hace perder el equilibrio. Quiero la luz golpeándome plenamente, sin perderme ni un rayo de sol por tu sombra.
No quiero tu tsunami de palabras pretendiendo que me sienta culpable, ni los pensamientos sembrando sus raíces en las dudas. 

Te devuelvo los 15 tomos de "cómo ser buena persona" que me regalaste, sobre los que decías tener un doctorado. También la cicuta que me diste como marca páginas. 

Doy gracias a que la mitad de las cosas me resbalan. Aprovecha y vete con todas tus paranoias, tus berrinches, los cachivaches que me trajiste y ocupan sitio, y el juego de inventar historias que tanto te gustaba. Aquí tienes el papel del destierro. 

Desterrado de "A donde yo vaya".

jueves, 7 de abril de 2016

¿Y ahora?

Hacía sol, mucho sol. Era verano y recuerdo que mirabas al suelo y dibujabas sobre la hierba.
Los rizos se te desparramaban por la cara mientras hablabas y yo recogía el cuaderno que me tendías.
Tú tocabas notas difusas en la guitarra y yo leía muchas palabras que formaban frases cuyo trasfondo no entendía del todo.

No sabíamos muy bien qué hacíamos ahí ¿verdad? Era una situación rara para dos desconocidos. Dicen que hay hilos invisibles uniendo a ciertas personas a lo largo de todo el mundo. Quizás un lazo se nos había enredado en las muñecas y nos amarraba a esa cuesta tan nuestra donde todo fluía como el lago bajo nuestros pies. Ya no lo sé. No sé como se rompen los lazos ni cuándo los hilos dejan de existir. Sólo recuerdo con nitidez el silencio tranquilo de aquella pradera, interrumpido únicamente por el roce del follaje, que acompañaba tu melodía en la cumbre de los árboles y el quejido de tus páginas escritas siendo liberadas por primera vez.

No estoy segura de cuándo decidí que era el momento adecuado para hacer preguntas, ni cuándo cerré aquel diario y alcé la mirada para verte responder, pero recuerdo que tú ya llevabas tiempo observándome, callado.

- Nunca nadie me había preguntado eso antes.

Y supongo que fue ahí cuando lo entendimos.

sábado, 12 de marzo de 2016

La Ola.

En La Red, jamás eres un individuo. No eres una sola persona tecleando con una rabia incomprensible y haciendo sangre. Estás en La Ola.

La Ola es el conjunto que forman todos los humanos que consumen Internet. Para los que ofrecen un contenido, es un abanico de seres humanos que vienen y van. A veces los más asiduos a comentar o a compartir publicaciones empiezan a adquirir una tonalidad propia, distinguible, mientras que el resto de los integrantes de esta masa continúan siendo un conglomerado de entes.

Para nosotros tú no eres tú. No tienes rostro, ni apariencia. Sólo tienes palabras. Palabras que se suman a otras palabras y forman opiniones y juicios que nos llegan en manada. Tu insulto no es independiente. No es sólo un "ojalá no hubieras nacido" entre muchos halagos. Es una agresión verbal que se suma a otras muchas críticas y blasfemias, y a los gritos hirientes que profiere la gente tras su tranquilo anonimato. Es un grano de arena que hace más alta una montaña de dolor.

No eres tú sólo. Si lo fueras, quizás no importaría tanto, pues evidentemente se camuflaría entre la bondad y el cariño de muchos otros pero, ¿qué ocurre cuando tu caballo se une a todos los caballos que existen? Una estampida. Imagina cómo vuela un rumor, una mentira, entre todos los que tienen acceso a Internet. Porque tú estás ahí aislado, en tu cuarto frente al ordenador pero, ten presente que La Red es un mundo entero. Es una puerta a la civilización.

¿Qué ocurre cuando una carta es enviada por muchos mensajeros a la vez? Mira tus contactos en las redes sociales e imagina que cada uno de ellos compartiera una frase tuya. Todo se vuelve exponencial. Imagina un tsunami que se desliza en todas las direcciones. Imagina que cuando toca tierra tiene que dar la vuelta. Siempre, siempre... llega al creador de contenido amplificado. Tu pequeña gota de bilis se une al resto y forma La Ola. Una Ola de odio mucho más grande de lo que en principio podías imaginar.  La Ola que ha destruido a muchos y provocado que miles de personas de nuestra generación se miren al espejo y se pregunten... ¿será verdad? ¿Así me ven o así soy?

Entended que a veces terminemos por sentir que nos estamos ahogando en este pequeño cuarto, también a solas, frente a nuestro propio ordenador. Sí, exactamente como tú ahora mismo, mientras me lees, e igual que todos los que se sumaran a las nuevas Olas que vayan a crearse. Míranos. Dos iguales con una diferencia abismal. A ti... a ti las gotas siempre te lloverán de una en una.

#GarabatolvidadoConVoz https://www.youtube.com/watch?v=Paf3bYnhoW0


lunes, 29 de febrero de 2016

Bisiesto

Hoy hay un día de más 
en un mes de menos
en una vida corta 
sumergida en una historia larga.


jueves, 25 de febrero de 2016

Una visión.



Se cierne el silencio
sobre las aguas heladas.

Un riachuelo carmín cubrirá
 la cumbre de la montaña.


miércoles, 27 de enero de 2016

Carroña.

Buscaba con avidez en donde no había que mirar. Atacaba incesante esa maraña de recuerdos que no importaban y los retorcía hasta que me parecía que tenían valor. Entonces preguntaba. Obtenía negaciones y una mano moviéndose frente a mí con despreocupación. No me daba por vencida. Retomaba cada palabra, cada nombre, y los regaba y los sacudía hasta que soltaban chispas. Navegaba por historias a medio hacer y las completaba con piezas imaginarias. Azuzaba mi interior para que se ennegreciese. Me consumía a conciencia. Qué tonta. Me preguntaba por qué no paraba de pisar cristales, pero no había respuesta. Quería ver los cimientos de cada casa y comprobar cuantas grietas quedaban. Provocar un derrumbe anónimo y reír sobre los escombros. Creía que la calma se obtenía con un puñado de verdades nacidas de un acecho silencioso. A medida que pasaba el tiempo, la realidad era que el ansia crecía y que cada nuevo escenario me carcomía y quería más y más. Cuando era consciente de mi agonía maldecía, pero era un camino sin marcha atrás. Las cadenas repiqueteaban a mis pies y, a veces, me acompañaban los fantasmas.

viernes, 1 de enero de 2016

2016.

Vaya. Ya es día uno. Seguro que el día uno del año que viene está en breves aquí. El tiempo es un descarado, siempre tomándonos el pelo. A veces me aferraría a un clavo ardiendo con tal de estancarme en este presente. 

Soy feliz, estoy en la edad perfecta para mirarme al espejo y decir "soy joven pero no una niña", y aún no he rozado el punto de no retorno donde toca buscarse la vida o morirte de asco. Da un poco de miedo ver a esos amigos tuyos, que llevan toda la vida saliendo, a los que de pronto les suena el reloj con las campanas de "PROMETIDOS". ¡¿Qué?! Parad, parad. Deteneos. ¿Aún no he terminado la carrera y ya pretendéis que me ponga a sentar la cabeza o qué? Desde luego... qué prisas. Con lo bien que se está aquí en mi burbuja. A mí dejadme en paz unos años más. Nada de planear como si se me escapara la vida. ¿Qué son veinte años? Aún me queda la vida entera que ya he vivido para que empiecen los "se te ha pasado el arroz". ¡MI VIDA ENTERA! ¡VIVIR DOS VECES LO YA VIVIDO! 

Con esto simplemente quiero deciros que sí, feliz 2016 blablablá. Muchos proyectos nuevos como todos los años. Nuevas aspiraciones. Pero podéis iros a la mierda. Apagaré todos los dispositivos que marquen horas y días si es necesario. Todavía nos queda mucho camino y, al menos yo, lo andaré con calma aunque termine pareciéndome corto. Vosotros podéis ir pintándoos canas si queréis, que a mí para estancarme en el sofá y ver telenovelas... me queda todavía un rato.